Un semestre gris

27 06 2010

Hace tiempo que alguien dijo aquello de “la fiesta se acabó”, referido a la etapa de dispendio, lujos, exageraciones y desmesuras con la que funcionábamos en España creyéndonos que éramos la octava potencia industrial del mundo y que íbamos a superar a Italia y a Francia, con gran disgusto de Berlusconi y Sarkozy.
La verdad es que eso no se lo creía nadie, pero era el momento de sacar pecho y  utilizar metáforas futbolísticas aprovechando la buena imagen de nuestra selección.
Este semestre nos ha bajado los humos, sobre todo porque hemos estado en el foco de atención y observación de los países miembros de la Unión Europea, que señalaban a la presidencia española no como un ejemplo a imitar sino como una historia a no repetir.
Al final tanto el presidente permanente del Consejo, Herman Van Rompuy, como el presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso,,que son chicos educados, han agradecido el trabajo de España como presidencia de turno durante este semestre y han destacado que ha sido una etapa excepcional, al estar marcada por la crisis económica y ser la primera bajo el Tratado de Lisboa, que redujo las competencias de las presidencias rotatorias.
No es momento de hacernos sangre ni de flagelarnos, pero en aras del rigor y de la verdad debemos afirmar que la de Zapatero ha sido una presidencia gris, triste, algo gastosa a pesar de la crisis, sin ninguna influencia sobre las políticas a seguir y sin ningún liderazgo, mínimamente representativo.
Estos meses, el país que presidía por turno rotatorio la Unión, ha sido llamado al orden, presionado, obligado a hacer reformas y examinado por sus iguales, con lo que la imagen que hemos dado ha sido la de un socio en apuros, sin crédito y sometido a un período de prueba para ver si cumple con los deberes impuestos o hay que sacarle tarjeta roja.
No sé si a la fuerza ahorcan, pero tal vez los disgustos que se ha llevado Zapatero en su orgullo de mal gobernante estén sirviendo para conseguir que ocurra algo positivo este semestre, aunque sea al final.

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Al Gore vive del cuento

4 06 2010

Nunca me gustó ni su sonrisa artificial, ni su aspecto de gordo vergonzante,  ni el tono de su voz. Sé que mi rechazo a este individuo se basa en argumentos  irracionales, pero nunca me fié de él.

Su verdadera carrera la ha hecho a cuenta del calentamiento global, y la labor de los grupos  de influencia que trabajan para él es tan eficaz que ha conseguido un oscar de Hollywood al mejor documental, un Príncipe de Asturias y un Nóbel de la Paz.

¿Son esos argumentos para afirmar que estamos ante un benefactor de la humanidad? ¡Pues no!

Este ciudadano que cobra  de 300.000 € de media por conferencia, que no admite preguntas de los periodistas y que ha hecho de su supuesta verdad un negocio impresionante, está imponiendo sus criterios sobre el calentamiento global a políticos papanatas y gobiernos postmodernos.

Son muchas las voces independientes que se han alzado contra el planteamiento apocalíptico “del trincón made in USA”, pero casi nadie se atreve a contradecirlo porque no sería políticamente correcto.

Leo una entrevista con el Presidente de la República Checa, Václav Klaus en la que afirma que “las víctimas reales de Al Gore y su histeria global serán los países mas pobres”.

“Planeta azul (ni verde)” es el libro que ha escrito Václav Klaus, y en él reúne todos los argumentos científicos y sociológicos para descalificar la teoría del calentamiento global y la hipótesis sobre sus causas.

Claro que hay que trabajar responsablemente por controlar la contaminación, pero el planteamiento de Al Gore es sectario, discriminatorio, manipulador y altamente comercial para sus propios intereses económicos.

Hace unos días ha estado en Bilbao y después de su visita y su conferencia las arcas públicas del gobierno vasco disminuyeron  en la parte correspondiente a su caché.

Menos mal que  no engaña a todos, aunque con los que con sigue llevar al huerto no le va mal.





glamour

3 06 2010

 

Lo del glamour tiene traducciones para todos los gustos dependiendo de la persona y el nivel cultural de quien pretenda definir este término de origen francés.

Para los gabachos tener glamour es “poseer encanto”, para los que viven del cuento se traduce como “gente guapa y con estilo”, para los trincones de última hornada – es decir para los nuevos ricos – el glamour lo tiene “la beautiful people”, los académicos de la lengua, que son más precisos en todo esto del lenguaje, lo definen como “el encanto sensual que fascina”, y para José Luis Rodríguez Zapatero el glamour es el argumento definitivo para nombrar o cesar a un ministro.

Cada día que pasa aparecen más biógrafos verbales que cuentan cosas de cómo es y de que guisa se comporta el Presidente del gobierno, y casi ninguno le hace un favor porque ponen el énfasis en sus comportamientos más frívolos, a veces sectarios y en ocasiones irresponsables.

El último en largar por esa boquita ha sido el ex ministro de Cultura César Antonio Molina, que aunque duró poco en el cargo lo vistió con mucha dignidad, entre otra razones porque tenía un nivel nada despreciable. Pues bien, el defenestrado ministro cuenta que ZP lo cesó porque, según el,  “carecía de glamour y era hombre” cuando, por razones de cuota, necesitaba en el cargo de una mujer, que finalmente fue Ángeles González Sinde que, entre sus méritos está haber sido la guionista de la película “Mentiras y gordas”… mire usted por dónde.

La verdad es que si el criterio para prescindir de los ministros es la falta de glamour  y ya que a Zapatero no se le puede cesar ¿qué coño hacen el gabinete más de la mitad del ejecutivo?