el precio de la dignidad

20 07 2010

En la vida se puede ser de todo, pero nunca debe uno llegar a ser “un piernas”.
Para los no avezados en el arte de la utilización metafórica del lenguaje, “un piernas” es un calzonazos, un pusilánime, un mariconsón, un no comprometido, en definitiva, un sin sustancia.
Esto lo tienen muy claro los presos políticos cubanos que, por coherencia, no se doblegan ante la dictadura de los hermanos Castro, soportan sus cárceles y sus torturas y ahora que han salido de su país, no tragan con las marrullerías del ministro Moratinos y se niegan a ser utilizados como muestra de la generosidad del dictador cubano y de su apertura.
Los presos políticos cubanos que han llegado a nuestro país y  a los que, en las próximas horas se unirán otros ocho, se sienten engañados por el gobierno español que está siendo colaborador necesario con la dictadura castrista para lavarle la cara ante la Unión Europea a unos asesinos que más parecen muertos vivientes pero que, lamentablemente, siguen bien vivos.
Moratinos que se mueve como pez en el agua entre sátrapas de todo el mundo sin dejar de sonreír, está empeñado en conseguir que la Unión Europea modifique la posición común sobre Cuba, pero los opositores cubanos a los que creía tener en  la buchaca, le han salido rana y no están dispuestos  a ser cómplices de una mentira para favorecer a un tirano que no quiere jubilarse
Ricardo González Alfonso, Mijail Bárzaga Lugo, Normando Hernández González, Antonio Augusto Villarreal Acosta, Omar Rodríguez Saludes, Luis Milán Fernández, Pablo Pacheco Ávila, José Luis García Paneque, Julio César Gálvez y Léster González Pentón han firmado una carta conjunta en la que piden a los 27 ministros de Exteriores de la UE que no levanten las sanciones ya que la dictadura no ha dado pasos que evidencien una clara decisión de avanzar hacia la democratización de nuestro país.
Estos hombre saben que su dignidad no tiene precio y no quieren ser confundidos con “un piernas” cualquiera.
Al ministro, parece que le da lo mismo.