glamour

3 06 2010

 

Lo del glamour tiene traducciones para todos los gustos dependiendo de la persona y el nivel cultural de quien pretenda definir este término de origen francés.

Para los gabachos tener glamour es “poseer encanto”, para los que viven del cuento se traduce como “gente guapa y con estilo”, para los trincones de última hornada – es decir para los nuevos ricos – el glamour lo tiene “la beautiful people”, los académicos de la lengua, que son más precisos en todo esto del lenguaje, lo definen como “el encanto sensual que fascina”, y para José Luis Rodríguez Zapatero el glamour es el argumento definitivo para nombrar o cesar a un ministro.

Cada día que pasa aparecen más biógrafos verbales que cuentan cosas de cómo es y de que guisa se comporta el Presidente del gobierno, y casi ninguno le hace un favor porque ponen el énfasis en sus comportamientos más frívolos, a veces sectarios y en ocasiones irresponsables.

El último en largar por esa boquita ha sido el ex ministro de Cultura César Antonio Molina, que aunque duró poco en el cargo lo vistió con mucha dignidad, entre otra razones porque tenía un nivel nada despreciable. Pues bien, el defenestrado ministro cuenta que ZP lo cesó porque, según el,  “carecía de glamour y era hombre” cuando, por razones de cuota, necesitaba en el cargo de una mujer, que finalmente fue Ángeles González Sinde que, entre sus méritos está haber sido la guionista de la película “Mentiras y gordas”… mire usted por dónde.

La verdad es que si el criterio para prescindir de los ministros es la falta de glamour  y ya que a Zapatero no se le puede cesar ¿qué coño hacen el gabinete más de la mitad del ejecutivo?