30 años son nada

2 12 2012

000000114696Han pasado 30 años y en este caso se cumple el aforismo de que cualquier tiempo pasado sí fue mejor.

Aquel gobierno de Felipe González logró una mayoría absoluta contundente porque generó una ilusión sin límites entre gran parte de la población española que quería dar un mensaje claro a los golpistas de que nuestro país quería vivir en democracia, y para significar el verdadero cambio era imprescindible que gobernase un partido de izquierdas. Felipe González fue en mi opinión el mejor presidente de gobierno que podía tener España en esos momentos, e hizo grandes cosas durante sus primeras legislaturas. Hacer un relato pormenorizado de sus logros sería cansino y es de justicia reconocérselos.

Bien es cierto que también sería injusto sufrir amnesia sobre sus posteriores errores, porque si concitó en torno a su proyecto la esperanza de millones de españoles, también se ganó a pulso el abandono de estos tempranos apoyos cuando la gente se sintió frustrada por el cambio de discurso y sobre todo de política de aquellos en quienes había confiado a ciegas.

Con todos sus errores, muchos de los cuales ya han sido sancionados política y judicialmente, Felipe González fue un gran presidente de gobierno y sin duda alguna el mejor líder que han tenido los socialistas.

30 años después su partido está irreconocible: solo gobierna en dos autonomías y en ninguna de ellas por mayoría, va perdiendo apoyos elección tras elección, tiene una grave crisis de ideas y de liderazgo, está dividido, carece de un discurso unitario, y aun no ha tocado fondo.

Rubalcaba evidentemente no es Felipe, como tampoco lo fue Almunia y mucho menos Zapatero. El partido socialista es la única formación política española que aun no ha resuelto la sucesión de su líder, claro que tampoco ha resuelto algo más importante como es su mensaje político de hoy. Felipe González nunca abandonó el centro y por eso ganaba. Sus sucesores no han sido capaces de entender que ahí estaba la clave de su éxito.





líderes de mercadillo

30 09 2012

  Si alguien quiere buscar a un líder, que vaya a cualquier plaza, estadio de fútbol o explanada en la que se esté celebrando un concierto y que lo elija a su gusto, pero que no se esfuerce en encontrarlo entre los que se llaman a sí mismos dirigentes políticos o empresariales de este pais porque les digo yo que son mercancía averiada.

Últimamente en España es más fácil decir que uno es líder que aprobar unas oposiciones a cartero, porque cualquiera que salga tres veces en un programa de gran audiencia en la televisión, se ponga un pañuelo palestino al cuello, tenga unos dientes que den asco y asalte supermercados, o presida una asociación de vecinos sin déficit en sus cuentas, se autoproclama más importante que el Cid Campeador.

No se extraña que eso sea como parece porque, si un líder es Artur Mas, que cuando acabe todo el follón que ha montado desaparecerá por el sumidero de la historia de Cataluña como ha hecho Montilla, o Mariano Rajoy que va perdiendo un punto por mes en intención de voto, o Alfredo Pérez Rubalcaba, que no consigue que le hagan caso en el PSOE ni unos ni otros, o Cayo Lara que junto con Llamazares orina fuera del tiesto a todas horas, es mejor que vayamos a un mercadillo a ver si encontramos a algún otro que nos resulte más barato.

Cuando veo a la gente en la calle manifestándose contra lo que hay me pregunto si conocen a alguien que les merezca más confianza que los que quieren que se vayan, porque lo dramático es que no existe recambio conocido ni fiable.

Cada vez que escucho que tenemos una sociedad enferma, tiendo a pensar en una sociedad sin valores morales, como son la justicia, la solidaridad y la honestidad en nuestros comportamientos. Pienso en una sociedad corrupta en la que los que no se aprovechan de los demás sienten envidia de quienes sí consiguen hacerlo. Pienso en una sociedad en la que los referentes van desapareciendo y los líderes brillan por su ausencia, aunque en ese momento surgen numerosos personajes en todos los ámbitos que reclaman para sí mismos una cuota de liderazgo de la que carecen.

No sé si Valentín Fuster, Director General del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, tiene la solución cuando afirma que “la salud consiste en que una parte de tu cerebro decide que quiere cuidarse”, pero si es así necesitamos urgentemente que nos funcione socialmente ese lóbulo  porque si no vamos hacia el infarto.