un premio inoportuno

10 12 2012

herman-van-rompuyEl premio Nobel de la Paz que se ha concedido a la Unión Europea y que hoy recibirán en Oslo Durao Barroso, Van Rompuy y Martin Schulz, llega tarde y en mi opinión en un momento inoportuno.
No estamos viviendo las horas de mayor prestigio de la historia europea que pasa por un periodo critico, porque ni está tan unida ni sus dirigentes están actuando con el liderazgo que los momentos de crisis exigen. Hemos pasado de ser una referencia de dignidad a un espacio de insensibilidad.
Europa es hoy la palabra que utilizan nuestros politicos para justificar como inevitables los recortes que se están imponiendo en todos los paises de la zona euro. Es la coartada para dejar desatendidas necesidades básicas del estado del bienestar y muchas veces dejara los ciudadanos en el paro o en la indigencia. Europa es hoy un club que impone condiciones, que se preocupa por los mercados y los bancos y que es capaz de supeditar la dignidad de sus ciudadanos al control del déficit. Una unión de países que ha hecho dejación de su responsabilidad y que carga las consecuencias de sus errores sobre la población a la que mal gobierna, no meceré un premio.
El premio Nobel de la Paz se hay que dárselo a quien trabaja por la paz y no hay mayor contribución a este objetivo que conseguir que los ciudadanos europeos vivan sin la angustia de sentirse desamparados en sus necesidades más básicas porque lo contrario es provocar situaciones de agresividad y de conflicto.
Europa con sus aciertos y desaciertos hace mucho tiempo que se mereció ser distinguida por sus esfuerzos por la paz (si nos olvidamos de la inacción ante la guerra de los balcanes) por su trabajo solidario, por sus proyectos en favor del desarrollo, y por la legislación en materia de igualdad, pero hoy no se lo merece.
Europa no està para fiestas ni para premios

Anuncios




a río revuelto

4 10 2012

La primera enmienda de la Constitución de los Estados Unidos proclama que ninguna ley federal puede limitar el derecho a la libertad de expresión porque en ese principio se fundamentan el resto de las libertades y además permite que los ciudadanos estén informados y  tengan elementos de juicio suficientes a la hora de elegir a sus representantes.

Yo en ese sentido me siento ciudadano norteamericano porque, aunque hay otras muchas cosas que me repelen de aquel país (por ejemplo la vigencia de la pena de muerte), creo que tienen muy claro que protestar contra los poderes públicos forma parte del ejercicio normal de las libertades ciudadanas.

Digo esto , como tesis incuestionable, porque en estos momentos en España se ha abierto un debate sobre si el gobierno quiere limitar las libertades de los ciudadanos controlando el derecho de manifestación que es una forma de expresión de un estado de ánimo, y honradamente creo que hay quienes están interesados en interpretar parcialmente un asunto que merece ser analizado sin confundir a la gente.

Yo no creo en absoluto que hay en España ningún poder público que quiera acabar con ninguna de las libertades que venimos ejerciendo desde que recuperamos la democracia. Quienes se empeñan en afirmar eso mienten y saben que mienten, porque no hay poder suficiente para conseguirlo ni gobiernos suicidas para pretenderlo.

En todos los países democráticos la gente manifiesta  su malestar  y en esos mismos países los gobiernos ejercen el derecho a que las manifestaciones transcurran en paz y sin que se lesionen otros derechos ciudadanos. La imagen de los bobbies ingleses acompañando a los manifestantes por las calles con la doble misión de garantizar su derecho y al mismo tiempo impedir que se conculquen otros es sobradamente conocida y es ejemplo de modernidad.

En España hay razones sobradas para manifestarse y protestar,  y entre quienes ejercen ese derecho están los miles de ciudadanos que no aguantan más recortes y los miles de oportunistas profesionales que nunca han dejado de practicar el interesante principio de “a rio revuelto ganancia de pescadores”.