5 03 2013

El blog de Diego Armario

109222_620Cuentan que en la España de final del XIX, los representantes de la alta burguesía catalana cuidaban especialmente bien a sus amantes y les tenían reservadas algunas butacas en el teatro para que, con cierta discreción pero sin que les faltase de nada, pudieran asistir a las representaciones que allí se hacían. De hecho, tener una querida en esas condiciones, era todo un síntoma de poderío económico y social, y la ciudadanía bien informada estaba al cabo de la calle de quién estaba liado con quien, porque aquellos eran unos secretos sotto voce.
En este contexto histórico, un día un empresario industrial que estaba en el palco de El Liceo, le estaba señalando a su señora quiénes eran las amantes de otros potentados, y cuando finalmente le dijo quién era su amante secreta, ella le respondió: “La nuestra es mucho mejor”. (1)
Es evidente que el vulgo, entonces y ahora…

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