el psoe en el diván

23 10 2012

Veinticuatro horas después Rubalcaba sigue desaparecido en combate y algunos insensatos de su partido se frotan las manos porque creen que si cae el secretario general correrá el escalafón. Alguien debería sentarse en el diván del psiquiatra para que les descubra su verdadera identidad.

En el partido socialista no hay una crisis de liderazgo sino una ausencia de ideas y da lo mismo quién esté en Ferraz porque mientras no reformulen un nuevo proyecto político que no sea continuidad de la nefasta etapa de Rodríguez Zapatero se seguirán hundiendo elección tras elección. Lo peor de la herencia de Zapatero está en que hay zapateristas que aspiran a suceder a Rubalcaba para continuar por la deriva suicida por la que les encaminó el ahora ausente.

Nada de lo que le está ocurriendo al PSOE sorprende porque es la consecuencia de una etapa funesta de la que nadie ha hecho autocrítica. El Psoe lamentablemente, en estos momentos es un partido a la deriva, sin un discurso unitario ni una acción política coherente. El daño que ha sufrido desde el descalabro electoral de las anteriores municipales y autonómicas y posteriormente hace un año en las generales es mucho mayor de lo que ellos mismos quieren reconocer, porque sus ocho años de gobierno sirvieron para destrozar sus principios, sus estructuras y para defraudar la confianza de su propio electorado.

En noviembre del año pasado publiqué “El PSOE en llamas” y el libro sigue estando de rabiosa actualidad porque en él analizaba las causas de la derrota que iban a afrontar y describía sus consecuencias que no iban a parar con la celebración de los comicios generales.

Desde que Felipe González dimitió como Secretario General ,el PSOE no ha encontrado a nadie capaz de dirigir el partido con autoridad moral y sentido de Estado,  y cuando un partido aparece ante los electores como una organización sin ideas claras y un discurso solvente no le votan ni los suyos.

Los socialistas si quieren regresar a ser una alternativa de gobierno tienen que dejarse de competir con los partidos más radicales y defender un discurso de izquierda moderada que capte los votos del centro. Para aventuras más fuertes  el personal cabreado prefiere encamarse con otros, porque no resulta nada excitante jugar a la revolución con gente que lleva corbata de Gucci o se perfuma con Chanel 5.

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