a palos contra las mujeres

18 03 2010

 

Los estertores de las dictaduras son siempre igual de lamentables. Ocurrió con la de Franco, con  la de Ceaucescu, y está ocurriendo con la de los hermanos asesinos que comparten el apellido Castro.

La fase previa al final de estos regímenes se caracteriza por el aumento de la brutalidad, y el enrocamiento en la defensa de sus privilegios y la persecución cada vez más indiscriminada de sus enemigos.

En Cuba han descubierto que ya sólo les queda Chávez en Venezuela  y algunos estalinistas irredentos esparcidos por el resto del mundo como agentes que justifican sus desmanes dictatoriales. El gobierno de la isla se resiste a entender que está perdiendo la oportunidad de permitir una transición pacífica que permita reconciliar a los cubanos de dentro y de fuera, pero lo que no ha sido capaz de intuir es que se le está acabando el tiempo.

La Unión Europea se ha sumado de forma indubitable a la condena internacional contra la persecución que hacen de los disidentes.

El Presidente del Parlamento Europeo Jerzy Burzek ha condenado la brutalidad policial contra Las damas de Blanco, en Cuba, a las que los agentes del régimen apalearon.

Este colectivo que fue merecedor del Premio Sajarov que concede cada año el parlamento europeo a quienes defienden la libertad y la democracia aun no han podido recibir el galardón porque el régimen de los Castro no les permite salir del país.

La vida de Guillermo Fariñas y otros presos están en peligro pero es evidente que la determinación de esos luchadores por la libertad es más fuerte que la opresión a la que están sometidos. Todos ellos merecen al menos no sentirse sólos. El silencio de los demócratas sería imperdonable.